domingo, 12 de febrero de 2012

CREPÚSCULO

CREPÚSCULO
El teléfono sonaba insistentemente, David levanto el tubo y escucho la voz de Edith (hacia 20 años que no se veían pero ya debía volver a Madrid)- Hola Edith, como estas? - Donde estabas David que no me respondías - Estaba lejos de la casa, en el jardín, - Te cuento, mañana regreso, ya tengo los boletos en Aerolineas... pero como te había prometido, no me iré sin saludarte... estarás mañana en tu casa...._-Si seguro, te estaré esperando ...OK, nos vemos mañana...si bye; - hasta mañana Edith, buen viaje...
Edith llego a la estación de servicios, cargo combustible, hizo limpiar los vidrios del parabrisas y la luneta trasera; luego partió con cierta premura, tenia todavía 45 km para recorrer y no quería que le ganara la noche, en el tramo de camino sinuoso. la ruta era rápida, con dos carriles de ida y dos de vuelta y el trafico intenso, en las dos direcciones que por momentos se hacia lento, por algún rezagado y era difícil adelantarse, en treinta minutos estaría arribando ...
 David contemplaba como caía la tarde; en ese preciso momento un relámpago difuso flameo por el cielo y las colinas quedaron delineadas con trazos oscuros, debajo del vientre pálido de las nubes, que se marchaban silenciosamente, para dejar ver como los últimos rayos del sol, teñían los bordes de la persianas, marcos de las puertas y las molduras, desde un naranja encendido hasta un rojo fuego, cuando el sol se ocultaba en el horizonte, con la luz agonizante, cuando el rojo fuego se transformaba en purpura, la puesta del sol marcaba el final del CREPÚSCULO.
La tarde caía y los rayos del sol, comenzaban a formar un angulo que dificultaba la visión, cuando, luego de un giro, tras una curva cerrada, se lo encontraba frontalmente.Luego la noche se adueño, de los últimos vestigios de luz, con sus ojos un poco fatigados, Edith, quería llegar pronto...
Las sombras comenzaron a ganar espacio desde el fondo de la casa, ocupando con la lentitud del atardecer, el interior de la vivienda. Afuera se extinguían perezosamente los últimos colores del cedro azul; la luz en su retirada hacia perder inadvertidamente todos los contrastes, en un verde difuso, grisáceo y aterciopelado, cada vez mas oscuro. La parte posterior del jardín, tenia una marcada pendiente en dirección opuesta a la casa; era un sector agradable, por el perfume emanado por un sector cubierto de madreselvas en flor. el diseño de la casa colgada en una colina, permitía que desde el barandal, orientado hacia el "NO", tuviese una visión panorámica  excepcional, para contemplar ese escaso periodo de luz crepuscular o la profundidad de la noche, atiborrada de estrellas.
A pocos km Edith, ya no luchaba con los rayos del sol, sino con las luces de los vehículos que venían de frente, algunos imprudente mente con la luz alta encendida, lo que le producía encandilamiento.
 Edith miraba por el espejo retrovisor de su Ford Fiesta, cuando repentinamente aparecieron de la nada, detrás suyo, un jeep Cherokee rojo, en el carril izquierdo y un Peugeot 307 blanco, en la misma dirección, por el carril derecho. La sorprendió la rapidez conque se acercaban, no solo que conducían con exceso de velocidad, sino que trataban de arrebatarse la delantera; están jugando a la carrera!!!, pensó con súbito estremecimiento...
 Fue en ese preciso momento cuando David, sintió un dolor agudo y pulsatil en sus sienes, rápidamente opresivo y cada vez mas intenso, ahora localizado en el pecho, lo que le hizo detener la marcha, sintió que algo dentro de el podía estallar, tenia la sensación de que la brisa se detenía, también el aire, también el tiempo. Su respiración jadeante le asfixiaba; un profuso manto de transpiración fría, cubría su piel, se quedo inmóvil. Por momentos su cuerpo ingrávido, permita que su temperatura se escapara, generándole escalofríos.. Pasaron veinte minutos y experimento un ligero alivio en su dolor y algo de aire podía llegar a sus pulmones, con su mano en garra sobre su pecho, intento trepar la pendiente con la intensión de llegar a la casa y hablar por teléfono. El dolor no demoro en amenazarle otra vez, pero ya no podía detenerse, no faltaba mucho, solo que debía trepar, trece escalones.......continua en 2

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